sábado, 18 de mayo de 2013

Imaginación monetaria

Por Daniel Link para Perfil

Reviso mis cajones y encuentro monedas raras, recuerdos del pasado: billetes de Proyecto Venus, patacones y lecor (nunca supe cuál era el plural de muchas de esas monedas singulares que se emitieron para paliar el déficit de monedas de curso legal).
Ahora se lanzará un Cedín (creo que el plural debe de ser Cedines) que funcionará, grosso modo, como las cuasimonedas o las monedas imaginarias de fin de siglo, sólo que en este caso la equivalencia se establece en relación con el dólar.
Antes, en un determinado territorio, en vez de pesos circulaban patacones; ahora, en un territorio determinado, en vez de dólares, se usarán cedines de cotización flotante (determinada por el mercado, ese monstruo) para las transacciones inmobiliarias.
No me niego a la invención, y a ésta tan audaz la acepto con incluso una sonrisa divertida.
Lo que, sin embargo, me preocupa, es que parece una medida desesperada, destinada a conseguir de cualquier modo y a cualquier precio lo que falta, ese bien escaso que no debemos atesorar sin culpa porque se nos dice que es, para la sociedad civil, veneno (y remedio para el Banco Central, que emitirá los Cedines contra depósito de dólares).
Nunca hice nada para boicotear la política económica del gobierno (pago rigurosamente mis impuestos, carezco de ahorros no declarados, no viajo a Colonia para hacerme de preciosos dólares, uso medias cada vez más rotas, ni siquiera comento las medidas económicas). Pero dudo que me atreviera a comprar Cedines, aunque tuviera dólares.



viernes, 17 de mayo de 2013

"Viejo puto"


por Daniel Link para Soy

“¡No me van los viejos! ¿Qué parte no se entiende? Más de cuarenta, no”, leo en los perfiles de las páginas de contactos homosexuales en Internet.
La gente ha perdido totalmente la cordura, eso es sabido, pero además la economía de discurso. Yo hubiera puesto “No me van los Viejos Putos” (pero es verdad que si yo hubiera leído eso, probablemente habría tomado un litro de lavandina de un solo trago).
“Cero ambiente” o “No me van las plumas” (a mí, que uso abanico, porque lo considero un accesorio imprescindible) no me trastorna tanto. “Viejo Puto”, en cambio, es aquello en lo que nadie quiere llegar a convertirse, porque quiere decir: me da asco que un Viejo Puto quiera que me lo coja.
Bueno, casi nadie, porque allí donde hay poder, hay resistencia. Acaba de estrenarse (el lunes 29 de abril, por ITV) la serie Vicious, protagonizada por dos Viejos Putos, Ian McKellen y Derek Jacobi, que hacen de una pareja de Viejos Putos, Freddie Thornhill, un veterano actor cuyo mayor mérito es haber consigo el décimo puesto como villano invitado en la serie Dr. Who y Stuart Bixby, una señora de su casa, que constituye el decorado (teatral hasta la exasperación) principal.
La sitcom es extrañísima porque todo en ella apunta a una época que ya no existe (la iluminación, la escenografía, los diálogos, los estilos de actuación). Un reseñador de imdb (seguramente joven, quiero decir: imbécil) dijo que “es difícil de creer que esto fue hecho recientemente y no en la década del setenta”. Por supuesto: lo que la producción quiere subrayar es que el Viejo Puto no cabe en el presente (es decir: no encaja bien con la violencia animal del presente, que sólo puede pensar en términos de coger y ser cogido, o incluso, para llegar a la arcada, en términos de querer cogerse a, o querer ser cogido por.
Como se trata de putos, tienen dos amigas mujeres (Violet, ninfómana, y Penelope, simpáticamente estragada por la demencia senil) y, cada tanto, la madre de Bixby/ Jacobi lo llama para contarle que alguno de sus amigos ha muerto.
Por supuesto, el Viejo Puto no ha salido del closet para su madre, y lo más doloroso es saber que él sabe que si es viejo, ¿para qué le va a decir a su madre que además es puto? La madre seguramente sabe todo, pero seguramente ella tampoco quiere saber que su hijo es un Viejo Puto.
Los Viejos Putos de la serie son la peste salvo para sus amigas, que van a su casa a emborracharse lentamente. El mismo reseñador de IMDB antes citado señala que Stuart and Freddie son poco más que estereotipos de viejas reinas maledicentes (bitchy). ¿Pero no es precisamente ése el estereotipo del Viejo Puto? ¿Qué pretendés, bebé, que el Viejo Puto, que ha sobrevivido a todas las fantasías de exterminio, encima, no sea estereotipado, o maledicente? ¿O es que “Viejo Puto” puede querer decir alguna otra cosa que el desagrado? ¿No confesás que tuviste que apagar la televisión antes de la tanda publicitaria?
Por un misterio que esperamos nunca sea revelado, un nuevo vecino, muy joven, medianamente bien parecido, heterosexual, y simpático (desempeñado por el que compuso al introvertido chico invisible de Misfits, Iwan Rheon), toca repetidamente el timbre en casa de los Viejos Putos, porque disfruta de la compañía de “jubilados” (dice).
Él, en su total exterioridad, es consciente de que ellos son dos Viejos Putos recalcitrantes, pero cuando cuenta sus dramas sentimentales con una chica a la que quiere, confiesa que le gustaría tener una relación como la que ellos tienen.
Entre las muchas virtudes de Vicious (producida por Kudos y Brown Eyed Boy) la que más sobresale es obligarnos a pensar (con el odio, o el pánico, del caso) en el Viejo Puto, esa figura del desasosiego que tanto inquieta a las locas del mundo.


martes, 14 de mayo de 2013

Dicen que...

Perspectiva latinoamericana
 
por Hugo Beccacece para La Nación

"Cerca pero lejos" era el tema de la charla que inauguró el ciclo "Diálogos de escritores latinoamericanos" en la Feria del Libro. Daniel Link, el moderador, combatía el calor (¿hacía tanto calor?) abanico blanco en mano, manejado con notable sentido teatral. Coordinó el debate con mucha soltura y gracia. 

lunes, 13 de mayo de 2013

Colección otoño-invierno



Tengo en mi bóveda una colección de monedas argentinas: venus, patacones, lecor. Ahora estoy esperando que abra Banco Piano para poder comprarme unos Cedín, que vienen a ser lo mismo, pero con equivalencia a dólares.


domingo, 12 de mayo de 2013

Invitación



sábado, 11 de mayo de 2013

Sed de sangre

Por Daniel Link para Perfil

El 24 de diciembre de 1911, por la mañana, Franz Kafka se sentó para contar en su Diario con todos los pormenores y con gran crudeza la circuncisión de su sobrino. El ritual le parecía a Kafka una “anticuada y primitiva costumbre” (por no decir bárbara) y subrayaba que “las fórmulas religiosas” del judaísmo habían llegado “a su término definitivo”, por lo que tienen apenas un valor “meramente histórico”.
Al día siguiente, deducía de lo anterior una teoría completa de las pequeñas literaturas que todavía nos alcanza y, luego, cerraría la navidad de 2011 con observaciones sobre la circuncisión en Rusia.
El asunto vuelve ahora con toda su fuerza porque en la ciudad de Nueva York acaba de aprobarse legalmente la metzitzah b’peh o succión oral del glande del niño recién circuncidado y de la sangre provocada por esa mutilación (el ritual se practica a los ocho días del nacimiento). Uno podría pasar meramente al chiste grosero fundado en la procacidad de los gestos involucrados, pero tal vez sea conveniente detenerse en el asunto porque, como es obvio, permite interrogar el problema (político) de los universales (su crisis, su imposibilidad).
En principio, hay que separar la circuncisión sanitaria de la Brit Milá (pacto de la circuncisión). Sobre la primera, la Asociación Americana de Medicina declaró que los beneficios reportados “no son suficientemente fuertes para recomendar la circuncisión rutinaria en los recién nacidos” (“Sección de Recomendaciones”, Reporte 10, firmado por el Consejo de Asuntos Científicos, AMA, 1999). El efecto físico de la Brit Milá es idéntico al de la circuncisión, pero su sentido es introducir al niño en el pacto con el Dios de Abraham, quien pese a que vivió y sirvió a su Dios rectamente, recién con la Brit Milá, a los noventa y nueve años, alcanzó la perfección (Génesis 17:1). La perfecta relación con Dios se alcanza, en esa tradición, mediante una marca identitaria, lo que naturalmente no pudo sino crear profundos dolores de cabeza a los teólogos cristianos, tan preocupados por los universales y el ecumenismo.
En la Torá se lee: "Este es Mi mandamiento que observarás entre Yo y tú y tus hijos después de ti, de circuncidar a todos los varones. Circuncidarás la carne de tu prepucio, y será una señal del pacto entre Yo y tú" (Torá, 17: 10-11). Ninguno de las demás mitzvot se compara con la Brit Milá: el Bar Mitzvá completa el proceso que la circuncisión había comenzado: el ingreso en el del niño de su alma divina.
Los Sabios del Talmud enseñan que "cada mandamiento de la Torá por el cual el pueblo judío debe sacrificar su vida, especialmente bajo la amenaza de muerte durante períodos de persecución gubernamental, incluyendo la circuncisión, es preservado por ellos". El Mohel es quien lleva a cabo el Brit y la metzitzah b’peh (mutilación y succión). Es un maestro cirujano con experiencia especial en el ritual y conocedor de la gran cantidad de leyes judías y médicas correspondientes al Brit Milá.
En 2012 una corte de la ciudad de Colonia (Alemania) estableció una veda sobre la circuncisión ritual luego de que un niño musulmán (otra comunidad sedienta de sangre) casi muere por una hemorragia. Y en los Estados Unidos se demostró que la succión del pene infantil multiplica por tres el riesgo de infección con herpes (lo que ha provocado la muerte de algunos niños). En ambos casos los judíos ortodoxos (y los musulmanes, y los verdes en Alemania) protestaron contra toda interferencia del Estado en relación con un rito de cuatro mil años explícito en cuanto a la limpieza bucal de la sangre tras la remoción del prepucio. En Nueva York, ese derecho es ahora legal.
Para los cristianos primitivos (Pablo de Tarso) el problema de la circuncisión era crucial porque establecía una marca identitaria, y el universalismo propio del catolicismo supone en cambio la revocación de toda propiedad jurídico-fáctica (circunciso/ no circunciso; libre/ esclavo; hombre/ mujer): “Si uno está en el mesías, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo” (2 Cor 5: 17).
Los católicos de hoy, por su parte, no dejan de preguntarse, con la más profunda extrañeza, por qué se reserva la succión de la sangre que mana del pene sólo para los circuncidados a temprana edad y por qué (en el colmo de lo koscher) no se procede a la remoción del prepucio directamente con los dientes.


viernes, 10 de mayo de 2013

Mah, sí!


Proponen cambiar la letra del Himno Nacional Argentino

Oíd Mortales, el grito sagrado:
¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!
¡Oíd el ruido de rotas cadenas:
ved en trono a la noble igualdad!
Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
Lo que ve renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.
Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
Les repite ¡mortales! Oíd:
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud,
y los libres del mundo responden
¡Al gran pueblo argentino salud!
Coro
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.


(no sé qué mierda tendrá que ver, pero en fin...)
 

A globalização!

Según Federico Carugo, que me manda esta foto, allí se ve "la impericia en la articulación de un sistema educación eficiente, con "vistas" a un proyecto de país serio y a largo plazo; inclusivo" (lamentablemente, no informa sobre el fotógrafo).


jueves, 9 de mayo de 2013

Paren las rotativas









El extravagante o "Aimé, querido, el pueblo está contigo"

"el lunes por la tarde Amado Boudou informó por mail a sus amigos la medida divulgada al día siguiente. La Presidenta nada contra la corriente*."

Fuente: Carlos Pagni, diario La Nación 


*Todo bien, pero "La era del salmón" es mía y sólo mía, eh...


Gorda chancha


LUST IN THE DUST era el nombre original del western camp Duelo al sol y así bautizó Paul Bartel a su estampida cinematográfica para hacer polvo al universo dominado por el cowboy con un revolver cargado por Divine. Por esta película, el crítico Leonard Maltin se preguntaba confundido si el personaje que Divine interpretaba era un hombre o una mujer; no podía entender que el actor iba más allá de los géneros, de los binomios heredados como formas de clasificación asfixiante. Como en POLYESTER, Divine vuelve a hacer dupla con Tab Hunter para interpretar a una cantante de saloon que tiene un tesoro bien guardado en el culo. A 25 años de su muerte, este Domingo 12/05 CineClub Divine presenta LUST IN THE DUST y un homenaje a su musa inspiradora. Ante de la función estaremos proyectando el recital de Divine en vivo en the Hacienda en 1983 y para cerrar Diego Trerotola musicalizará en vivo su corto trash Divine SM del 2008. El bono contribución es de $10 y la cita es en casaBrandon (L. M. Drago 236) a las 20.30 hs.
 


Otra emancipación, otra emancipación

 II CIPLOM 

Congreso Internacional de Profesores de Lenguas Oficiales del MERCOSUR y II Encuentro Internacional de Asociaciones de Profesores de Lenguas Oficiales del MERCOSUR” organizado por la Facultad de Filosofía y Letras - Universidad de Buenos Aires, la Biblioteca Nacional y Museo del Libro y de la Lengua y la Universidad Pedagógica de la Provincia de Buenos Aires.

Mesa plenaria: Literatura y construcción de imaginarios sudamericanos /
Literatura e construção de imaginários sul-americanos
Coordina/ Coordena: Noé Jitrik

Hay Mercosur. Raul Antelo. Universidade Federal de Santa Catarina
El orden de la cultura y las formas de la lengua. Migrar- escribir-reparar. Silvia
Barei. Universidad Nacional de Córdoba
Un par de provocadores porteños. Ana Camblong. Universidad Nacional de
Misiones.
Volvernos calibanes: del panamericanismo al Mercosur. Daniel Link.
Universidad de Buenos Aires, UNTREF


Biblioteca Nacional, Auditorio, 12.00 hs.
 

domingo, 5 de mayo de 2013

sábado, 4 de mayo de 2013

Juego de caudillos

por Daniel Link para Perfil

La semana pasada fue una de las más oscuras para quienes vivimos en Argentina, en mucho tiempo. Al estrato de la intervención excesiva del Estado sobre la vida desnuda (en el Borda) se superpuso una intervención excesiva del Estado sobre las condiciones de posibilidad de lo viviente (la reforma judicial). Mientras la televisión desgranaba con monotonía las mil licitaciones, conceciones de obra pública y negocios concentradas en unas pocas manos, trazando un círculo de tiza cada vez más grueso y cada vez más tenso alrededor de quienes nos gobiernan, desde la pirámide misma del poder se nos revelaba otro gusto televisivo: Game of Thrones, una fantasía tediosa que opone a unos caudillos de un planeta incierto en la que no hay desarrollo tecnológico moderno, pero sí intrigas maquiavélicas, donde hay justas medievales pero no catolicismo, donde las únicas relaciones que importan son las siniestras intrigas palaciegas, y donde las escuálidas muchedumbres se mueven siempre oblicuamente en relación con la pantalla, para que parezcan más nutridas.
Game of Thrones es algo cuya pretenciosidad sólo se compara con el kitsch que domina la producción entera, que abunda en detalles de vestuario, pero carece de precisión caracterológica. Hay una pelea entre príncipes provinciales por un trono mal ocupado por una gente rubia y vil (los rasgos genéticos y los políticos se superponen con una lógica de hierro). Hay un clan de morochos (que cada tanto, por suerte, muestran el culo) dominados por una viuda, Catelyn Stark (desempeñada por la extraordinaria Michelle Fairley), otros que se agregan y se desagregan a las alianzas (todo es extremadamente aburrido) y una tribu de Rickys Forts (tetonas, los ojos deliñados, las mandíbulas operadas) a cuyo líder es entregada como esposa Daenerys Targaryen (desempeñada por Emilia Clarke, de una belleza que quita el aliento, pero muy teñida). Ella también queda viuda.
Aunque no es lo más extraño que pasa en Argentina, no puedo disimular mi estupor ante la identificación de la Sra. Fernández con esta viuda sin grandeza (aunque con dragones) y no con la Sra. Stark.

viernes, 3 de mayo de 2013

Anticipo

"Cerca pero lejos: Inauguración de la segunda edición del Diálogo Latinoamericano".

No quisiera dejar de agradecer la confianza inmerecida que la Feria ha puesto en mí para inaugurar este ciclo y coordinar esta mesa cuyo título interroga la distancia con un aparente tono de protesta o de melancolía (según se prefiera): “Cerca pero lejos”. Desde ese punto de vista, el espacio de los escritores latinoamericanos (es decir: la escritura latinoamericana), sería una quimera o un espejismo, en todo caso: algo en lo cual las relaciones de espacio (y por lo tanto de tiempo) responden a la lógica de la contracción y la dilatación: una anamorfosis temporal.
Tal vez, me parece, no se trate de pensar a América Latina como cercana o alejada de tal o cual punto (Europa, los Estados Unidos, la literatura contemporánea, las democracias burguesas, la crisis del capitalismo), sino más bien que nos corresponde pensarla más allá de ese dilema de la percepción (porque “cerca” o “lejos” también involucra el punto de vista del que así evalúa).
Así el “cerca pero lejos”, esa distancia móvil (contraída y dilatada al mismo tiempo) tal vez sea una propiedad de lo latinoamericano: de su literatura, de su escritura, de sus escritores, de su espaciotiempo, o, lo que es lo mismo, de nuestra propia contemporaneidad. ¿Somos nosotros contemporáneos por el solo hecho de habitar el mismo tiempo (independientemente de que no podamos medirlo, porque se contrae y se dilata con el mismo ritmo que el espacio)? Distancia, contemporaneidad y, por lo tanto, comunidad (posible o imposible).
Creo que la Feria, al imaginar este título, quiso ponernos a pensar en esas graves cuestiones. O no, preguntémosle a nuestros invitados, Horacio Castellanos Moya, Guillermo Martínez, María Negroni, Edgardo Rodriguez Juliá y Juan Villoro, a quienes les agradecemos su presencia con nosotros.



jueves, 2 de mayo de 2013

Las reformas que la Constitución condena

por Roberto Gargarella para La Nación

Con sus proyectos, el Gobierno hizo lo contrario a lo demandado por los intereses populares. Algunos de ellos, además, chocan de modo insalvable con la Ley Suprema.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Tenemos todo

Cristina, si robás de este blog, por favor hacelo con la cita completa. Gracias

Cristina: "Tenemos al Papa, a la reina y también a Messi"

(tenemos, sobre todo, a Facundo Moyano)

Por fin llega el verde mayo



May Day, y seguimos trabajando


Salvo en Argentina, las estadísticas no mienten... (Fuente: BuzzFeed)


¡Cuidado con la Ricky Fort, que te da un mandibulazo!



martes, 30 de abril de 2013

Comentariado vigente

Alguien me avisa no se qué dificulad para publicar un comentario. No presto atención al asunto hasta que me doy cuenta de que en algún momento de pereza intelectual decidí asociar el blog con mi perfil de google (que gestiona mi cuenta de correo). A partir de entonces, la empresa también gestiona mi comentariado, lo que me parece un abuso.
Vuelvo, pues, al método anterior, que soporta la anonimia y, por lo tanto, el terrorismo discursivo que extrañamos tanto.

Nadie resiste un archivo

Ni Diego B., ni yo:

Un cuento de hadas


Había una vez una princesa que amaba mucho a su pueblo. Ella había nacido en un pueblo muy alejado del reino y, por esas casualidades típicas de los cuentos de hadas, llegó a casarse con el príncipe heredero. Como ella amaba mucho a su pueblo, hizo todo lo posible para que amaran a su príncipe, que era muy bueno y muy rubio. Ella también era muy buena y muy rubia, lo que resultaba verdaderamente contrastante con la apariencia generalizada de "su pueblo", una banda de zaparrastrosos a los que muchas veces llamaban, aquí y allá, "apaches". No eran malas personas, sólo mal educados (y, muchos de ellos, mal alimentados).
Lo que más quería la princesa rubia era que ellos fueran felices, al menos un poco, para que compartieran de ese modo la inmensa felicidad que ella sentía desde que se había casado con el príncipe (a su boda, habían asistido todas las princesas del mundo y estrellas de cine y varias reinas, pero no su padre, que era un "impresentable", según había dictaminado la reina madre, dictamen que la princesa tuvo que acatar con gran dolor de su parte). Hacía mucho tiempo que su pueblo no tenía posibilidad de felicidad alguna, porque era un pueblo pobre, triste y confundido.
Junto con sus asesores de Estado, magos, damas de compañía y algunas otras princesas de las que se había hecho amiga, la princesa rubia ideó un plan perfecto para darle un poco de alegría a su pueblo. Un poco, porque "mucha alegría" estaba fuera de su alcance. Convenció a su marido el príncipe para que la acompañara de visita a su pueblo, acompañado de su madre, la agria reina madre (cuya única felicidad era recordar en secreto sus propios días de princesa rubia y buena). Juntos, ofrecieron al pueblo la posibilidad de que participaran en los Juegos Primaverales de Lances de Pelota con los que los príncipes y sus caballeros solían entretenerse los días de ocio. Por alguna misteriosa razón, ese juego había sido importado por los zaparrastrosos, que lo practicaban como una adicción: mal y todo el tiempo. Por eso mismo, la princesa sabía que ésa sería la llave del poco de felicidad que ella se encargaría de regalarles.
La segunda parte del plan era la más difícil porque los zaparrastrosos se morían de ganas por jugar lance de pelota contra los príncipes y los caballeros y no iban a rechazar el convite. Más complicado era que su marido, el príncipe rubio y bueno, aceptara que los zaparrastrosos pudieran ganar algún que otro lance, porque entre los hombres del reino (y de los reinos contigüos que participarían también de los juegos primaverales), el sporting era considerado entre las más altas manifestaciones de nobleza. Pero como el príncipe era un poco tonto y su madre una reina mezquina, bastó que la princesa rubia barajara la posibilidad de no sé bien qué negocios (los negocios hacen daño a la estructura general del cuento de hadas y mejor es callarlos) y que los magos del reino aprobaran con sus testas blancas, cubiertas con bonetes altísimos de color naranja tachonados de estrellas doradas, para que el pacto se sellara: los zaparrastrosos habrían de ganar tal y cual lance y los caballeros del reino aceptaban no ganar (tampoco perder) en el primer encuentro que tuvieran, como para garantizar la permanencia del pueblo en el certamen. En lo más íntimo de si, la princesa buena y rubia sabía que era poco, pero como conocía a su pueblo, no dudaba de que la algarabía provocada por esos triunfos fraguados sería mucha y le permitiría al pueblo una felicidad que acontecimientos desdichadísmos y una incapacidad casi total para gestionar su relación con el ambiente venían negándoles desde hace muchos años.
Por supuesto, lo que quedó claro apenas comenzó el Festival de Primavera de Lances de Pelota era que los zaparrastrosos, además de impresentables en cualquier fiesta del reino (o de los reinos amigos y enemigos de los muchos que participaban de la fiesta) jugaban con bastante torpeza. Tal vez no con torpeza, pero sin método, sin elegancia y sin inteligencia. Era como si bailaran al son de una música desconocida para todos y como si fueran sordos a los acordes finísimos que en las salas de concierto de todos los reinos se escuchaban por entonces. Que los caballeros del reino pudieran no ganarles fue un triunfo de la voluntad y de la sonrisa de la princesa rubia, siempre disponible para torcer el malhumor de los hombres que su príncipe había convocado para que representaran al reino. Pero hasta ahí llegó su fuerza. Ni siquiera sus más fieles magos con sus más poderosos hechizos podían garantizar otros triunfos, porque los magos de los reinos rivales habrían de desplegar, en ese caso, sus polvos y sus pócimas en contra de ellos. El príncipe bueno y rubio no podía obligar a los demás príncipes al mismo compromiso que había aceptado él para cumplir el sueño y el capricho de su princesa. Así que todo se resolvió en unos encuentros deslucidos en los que los zaparrastrosos sólo consiguieron apabullar a unos caballeros asesinos de un reino del sur al que los demás reinos odiaban y para cuya derrota, entonces sí, los magos de todos los reinos decidieron confabularse. En ese lance, los zaparrastrosos parecieron flotar en el aire, y parecía que sabían bailar. Pero todo fue una ilusión urdida entre gallos y medianoche. Una ilusión buena originada en el amor de una princesa rubia por su pueblo.
Ya llegado el verano, el Festival de Lances de Pelota entraba en su fase definitiva después de complicadísimas y delicadas maniobras que involucraban negociaciones de todo tipo (que eran, en realidad, las que cautivaban la atención de los príncipes, mucho más que los lances per se). Los zaparrastrosos, poco educados como eran, confiaban en la voluntad de Dios, a quien creían de su lado y parecían ignorarlo todo (en su ignorancia infinita) de los esfuerzos de la princesa en favor, no tanto de ellos, sino del pueblo al que habían venido a representar. Era fatal el traspie y ya se veía venir la derrota y la humillación que la princesa buena no sabía cómo evitarle a su pueblo (un poco de felicidad ya había tenido, pero no tanta como la que ella quería regalarle). Convocó secretamente a los magos del reino y les suplicó que intervinieran, sino en relación con el lance en sí (cosa que ya le habían dicho que no estaban dispuestos a hacer sin la autorización del príncipe), al menos respecto del tiempo, a la espera de que la astucia de la que su pueblo había dado muestras más de una vez a lo largo de la historia hiciera el resto. Y así fue.
Una vez torcido el tiempo, elongado extrañamente para impaciencia de los príncipes que iban a tener, más tarde, que pagar facturas de luz abultadísimas por la iluminación a giorno que se exigía en los jardines del palacio durante esos minutos de pronto interminables (lo que demostraba que esos príncipes, además de un poco tontos, eran avaros), los zaparrastrosos consiguieron un triunfo completamente inexplicable en el último lance de pelota en el que habrían de intervenir en el certamen. Pero era tan evidente para cualquiera que hubiera seguido ese lance de pelota (los porteros, las mucamas, las peluqueras, toda esa vasta plantilla de zaparrastrosos contratados como empleados subalternos en los palacios y castillos de los príncipes) que los zaparrastrosos jugaban "como el culo" (hasta la princesa pensó para si esa frase terrible, con palabras que jamás, jamás, sus labios habían articulado) que la alegría posterior al encuentro fue (salvo para aquellos que se burlaban, con toda su risa, de los zaparrastrosos) una alegría triste, velada por el recuerdo de días mejores y por la desdicha infinita del espectáculo deplorable que habían ofrecido los zaparrastrosos.
A lo lejos, el pueblo quiso ser feliz, bajo la lluvia. Pero en el fondo, había comprendido que estaba excluido para siempre del festín de los ricos. Esa noche, la princesa lloró en brazos de su príncipe, porque la alegría que había robado del reino, tampoco alcanzaba a su pueblo.

Moraleja: No hagas nunca de bufón de la corte, ni siquiera por el amor de una princesa buena y rubia. Mejor, envenena las aguas de palacio y arroja los cadáveres de los príncipes y sus ministros a los buitres.